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The Shoe - El zapato que lo empezó todo.

Todos los días llego a mi oficina, prendo mi compu y mientras carga mi calendario saco a mis perros un rato (¿qué belleza, no? Tener a los perros en la oficina todos los días me aliviana un buen). Regreso, me siento frente a una pantalla y paso una buena parte de mi día haciendo cotizaciones y leyendo sobre químicos, plagas y normas de salubridad. Suena como un día normal y aburrido, ¿no? Pues sí, los últimos 6 meses mi trabajo ha sido bastante monótono. Empezar un negocio en un área de la que no sabes absolutamente nada es una tarea nada fácil. Ya perdí la cuenta de cuantas veces he llorado de estrés, ansiedad y miedo… ¿Y qué tiene todo esto con un zapato? Pues, nada… Y a la vez todo.

He hecho mi mejor esfuerzo por transformar mi oficina godín en un espacio creativo donde pueda sentirme cómoda de echar a perder y aprender. Busco rodearme de cosas que me hagan sonreír, aún cuando mi celular no deja de sonar con quejas de clientes necios y no con clientes nuevos. Llené mi pared de Polaroids de mis viajes y mis amigos, de post-its con mensajes motivadores, postales del mejor cumpleaños de mi vida, ilustraciones que me recuerdan a tiempos más sencillos, y con el cuadro de mi prima. Si, el del zapato que lo empezó todo.

Mi prima Carolina murió hace casi 13 años, era dos años más grande que yo. La verdad no éramos muy cercanas, pero al ser la prima de edad más parecida a la mía, de alguna u otra forma siempre sentí una cierta admiración por ella. Recuerdo que poco después de que murió, mi tía me invitó a su casa y me dijo que podía quedarme con lo que quisiera del clóset de mi prima. Entre las tantas cosas que vi en aquel cuarto, hubo una que se quedó grabada en mi subconsciente. Un pedazo de madera, con borde rojo y un zapato dibujado a lápiz. Mi tía me contó que Caro había querido diseñar zapatos. Desde ese día, los zapatos han estado presentes en mi vida de manera muy clara. Durante mis años de carrera, llené cuadernos enteros de bocetos de zapatos.

Las circunstancias y desiciones que he ido tomando me alejaron un poco del camino que pensé que sería el mío. Olvidé el cuadro del zapato y seguí con mi vida. No me quejo, ha sido una aventura, llena de muchas cosas muy buenas. También es cierto que la vida siempre encuentra maneras de cerrar ciclos y de recordarte las cosas que alguna vez te prometiste… Hace un par de meses mi tía me marcó y dijo que se mudaría a El Paso, Tx; se encontró el cuadro del zapato y me preguntó que si lo quería. Mi respuesta fue un sí automático.

Hoy, el cuadro del zapato está en mi oficina; casualmente, su llegada coincidió con el inicio del proceso de un trámite importante para mi negocio, y con una nueva oportunidad de escribir de manera profesional. Lo veo a diario, mientras se carga mi calendario y mis correos de descargan. Todos los días me recuerda que solo tengo hoy para hacer una diferencia, por más chiquita que sea. Todos los días tengo un recordatorio físico de que el tiempo está contado, y que no puedo dejar de hacer lo que tenga que hacer para sacar mis proyectos -tanto profesionales como personales- adelante.

Siendo totalmente honesta, el cuadro no es el más bonito. El boceto no tiene las proporciones ni perspectiva adecuadas y el texto que lo rodea tiene errores. Aún así, me encanta. Nada de lo que hacemos es totalmente perfecto. Todo, por más amor y esmero que pongamos en hacerlo, tendrá fallas. Aún con fallas y defectos, aún con errores de perspectiva y gramática, creo la presencia de ese cuadro en mi vida me marcó y de cierta forma me llevó a tomar las desiciones que he tomado.

Xo,

C.

*English version to be uploaded soon.

Fuente: este post proviene de The Not-So-Simple Life of C, donde puedes consultar el contenido original.
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