En la imagen: La popular caja de joyería de la marca Tiffany & Co.
El caso Tiffany refleja a la perfección lo importante que es crear un sello distintivo, que logre diferenciar a tu marca del resto. En general, los logotipos suelen ser los encargados de mostrar el carácter y la diferencia de la casa pero en el caso de la popular joyería, tan sólo bastó un color muy concreto para concebir esa magia que envuelve cada una de las piezas que lanzan.
En las imágenes: Las cajitas y el color azul Tiffany, junto a la famosa escena de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes.
Si alguien supo elevar a Tiffany hasta el cielo, esa fue sin duda Audrey Hepburn. La inolvidable actriz internacionalizó la marca en 1961, mientras desayunaba frente a la tienda insignia después de una noche de fiesta en la película Desayuno con diamantes. Aun así, la idealizada esencia que rodeaba la marca comenzó en 1845, cuando los fundadores Charles Lewis Tiffany y John B. Young, publicaron su catálogo con la portada en azul turquesa.
El color, también conocido como azul huevo de petirrojo o azul nomeolvides, lo escogieron debido a la popularidad con la que contaban las turquesas en la joyería del siglo XIX. Tal fue el éxito del catálogo, que todo el mundo le apodó el libro azul y esperaban ansiosos a que se publicaran nuevos números con las distintas propuestas que Tiffany creaba.
En las imágenes: Primer catálogo de la firma en 1845 y las cajas del año 1878 de Tiffany & Co.
Varios años después, en 1886, las cajitas también se tiñeron del distintivo color cuando presentaron su anillo de compromiso original. Las blue boxes, que así es como la llamaban, se hicieron igual de famosas que el anillo. Tanto, que muchas fueron las personas que querían comprar la caja a parte y, tras la negativa de Charles Lewis Tiffany a venderlas sin una de sus joyas dentro, consiguieron convertirse en un verdadero objeto de deseo sinónimo de lujo y poder.
En 1998 la marca patentó el color, al igual que el empaque clásico, y tres años después colaboró con Pantone, la compañía que se dedica a unificar los colores, para crear el azul 1837 en honor al año de fundación de Tiffany. Una tonalidad cargada de glamour y elegancia y, sobre todo, con una historia que ha teñido de lujo y opulencia a una de las casas de joyería más famosas del mundo.