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El aborto legal es de las mejores cosas que me han pasado en la vida

Tenía 21 años cuando me enteré que estaba embarazada, vivía con mis padres y estudiaba la licenciatura en la UNAM. Hasta entonces, nunca había tenido lo que se conoce como instinto maternal y tampoco se activó en en ese momento.

 

Mi familia era disfuncional. Mis papás no se llevaban bien y con nosotros vivía un hermano alcohólico que generaba muchos problemas. Sin embargo, yo llevaba una vida normal: iba a la universidad, tenía un círculo de amigos que me apoyaban y una pareja estable.

 

Mi mayor aspiración en ese momento era romper el ciclo tóxico en el que había crecido, quería terminar mi carrera y comenzar a trabajar cuanto antes para dejar el hogar de mis padres. Deseaba independizarme, viajar y formar una vida en pareja. Deseos que todo adolescente tiene.

 

Cuando me embaracé no fue porque fallara mi método anticonceptivo; mi pareja y yo metimos la pata. Y nos dimos mil topes en la pared por haber sido tan tontos, pero no podíamos revertir la situación, lo único que sabíamos era que no deseabamos ser padres en ese momento y, de ser así, se truncarían todos nuestros planes.

 

Dos años atrás, en 2007, habían aprobado la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) en la CDMX y de inmediato supimos que esa era nuestra opción, dado que no teníamos recursos (ninguno de los dos trabajaba).

 

Investigamos y supimos que había apenas unas cuantas clínicas donde realizaban la ILE. Ubicamos la más cercana y, a pesar del temor, seguimos todos los pasos para hacerlo. Recuerdo que tenía cinco semanas de gestación, una etapa en la que apenas se trata de un conjunto de información genética.

 

Ni mi pareja ni yo teníamos creencias que nos impidieran interrumpir el embarazo. Simplemente no queríamos ser padres, no teníamos nada que ofrecer a un hijo, y no sentíamos el deseo de trabajar para mantener a alguien que no deseábamos en nuestras vidas.

 

Sé que suena frío, pero es la verdad. Estoy cansada de tener que recurrir a un lenguaje tibio cuando se trata de eso. Simplemente no queríamos y haber podido recurrir a un servicio médico gratuito y profesional, mejoró nuestras vidas.

 

No obstante, reconozco nuestra irresponsabilidad. Pero, ¿cuántas vidas han sido traídas al mundo por una irresponsabilidad y no por deseo?, ¿y cuántas de esas vidas han tenido en realidad la calidad de vida que merecen, los padres que merecen, el amor que merecen?

 

No creo en tener hijos porque ya no hay de otra o porque ya está aquí. Tampoco creo en la frase Dios proveerá. Creo que para traer una vida al mundo hay que prepararse, trabajar duro y desearlo genuinamente, con todo el amor del mundo.

 

Hoy me siento afortunada, porque pude decidir sobre mi cuerpo, sin ser juzgada. Porque tuve a mi lado a una pareja que me apoyó en cada momento. Porque me sentí respaldada por una política de gobierno que me dio opciones.

 

Creo que toda la gente que se opone tiene razones motivadas por un conjunto de creencias que, probablemente, desapruebo, pero no entiendo la negativa a que las mujeres decidan sobre sus cuerpos y, sobre todo, no comprendo la negativa cuando las vidas de miles de mujeres corren peligro porque recurren a malas prácticas y a abortos clandestinos.

 

Me parece una obligación, antes que nada, informarnos. Debemos entender que en la CDMX es legal hasta las 12 semanas de gestación, justo antes de que empiece a formarse un bebé tal cual. Antes de este periodo estamos hablando de un cigoto, un embrión, un feto... en fin, un producto con pocas terminaciones sensoriales, lo que indica que no siente dolor, ¡Y no lo digo yo! la Ciencia lo sabe.

 

"Lo que sí sabemos con certeza es que es imposible que un feto sufra antes de la semana 20. Físicamente es imposible", aseguró al medio ABC el cirujano Eduard Gratacós. En esa semana es cuando se produce la primera conexión entre la médula espinal y el tálamo, en la base del cerebro.

 

El tálamo es una estación de relevo sensorial y todas las vías de los sentidos, a excepción de la olfativa, pasan a través de esta estructura. Antes de que se establezca esta conexión física es imposible sentir dolor.

 

Según estadísticas del gobierno de la CDMX, de 2007 a agosto de 2018, la gran mayoría de las mujeres que han recurrido a la ILE lo han hecho cuando tienen menos de cuatro semanas de gestación, y el método que se emplea en esos casos es un medicamento, o sea, nada de arrancarle brazitos al producto.

 

Por otro lado, es válido decidir no abortar, sean cuales sean las circunstancias, pero hay que respetar la decisión de cada quien y sobre todo darles opciones a las mujeres. Si las quieren tomar o no, ya será cosa de cada quien.

 

Yo tomé mi decisión y no me arrepiento. Decido contar esto porque sé que hay muchas que no tienen la opción de elegir, o quizás tienen opciones que ponen en peligro sus vidas.

 

Eso es lo que pasa en Argentina, un país que ayer dejó en manos de los senadores la decisión de brindarles opciones y seguridad a las mujeres que desean interrumpir su embarazo, y la respuesta fue no.

 

¡Qué frustración!

 

Ojalá llegue el día que dejemos de juzgarnos y entendamos que no importan las circuntancias o las razones, traer una vida al mundo o no, debería ser decisión solo de la mujer en cuestión, de nadie más.

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